Viaje de dos semanas a Namibia en febrero 2016. Recorrido de aproximadamente 3.000 km por el norte, sur y oeste de este inmenso y despoblado país. Es, sobre todo, su orogenia la que te acompaña durante todo el viaje: se trata de una de las zonas geológicas más antiguas del mundo y los movimientos tectónicos y la erosión han ido conformando unos paisajes de insólita y prehistórica belleza.
Con excepción de la zona norte, el resto de su territorio es árido, dominado por las enormes extensiones de los desiertos de Namib y Kalahari, que recorremos por carreteras asfaltadas y pistas de tierra, incluyendo un vuelo de 600 km por el desierto de Namib bordeando la costa atlántica; desde una Cessna 210 se divisa un panorama dominado por una sucesión interminable de dunas, recreando formas abstractas de colores pastel, un paisaje salpicado esporádicamente por edificios de minas abandonadas o barcos encallados a decenas de metros del mar.
Iniciamos nuestro viaje desde Windhuk hacia el sur del país, atravesando el desierto de Kalahari – “gran sed” en idioma tswano – de suelo rojizo, escasa vegetación, acacias sobre todo, y aún más escasa presencia humana. Primer safari en vehículo abierto por las sabanas del río Aoub, contemplando hasta el anochecer jirafas, oryx, avestruces y antílopes.
Proseguimos el viaje para visitar el Fish River Canyon, el segundo más grande del mundo, y las dunas de más de 300 metros del área de Sossusvlei. Continuamos nuestra ruta hacia la costa atlántica, con destino a la mundana ciudad de Swakopmund, antiguo reposo de granjeros y militares de la época colonial alemana. Antes hacemos parada en el puerto de Walvis Bay para contemplar a cientos de flamencos rosados en su bahía y al día siguiente nos adentramos en el parque nacional Dorob en un 4×4 en busca de los “small five” pudiendo observar, muy de cerca, a un geko, una víbora, un lagarto y un camaleón, cuatro de cinco.
Tras una estancia de dos días en Swakopmund continuamos hacia el territorio de los Damaras, al norte del país, recorriendo sabanas de árboles Monpane, de hoja con forma de huella de antílope. Nos acercamos a ver unas pinturas rupestres labradas en las rocas, así como un bosque petrificado de unos 150 millones de años de antigüedad. Visitamos un poblado de Himbas, cuyas mujeres dejan de lavarse en cuanto llegan a la adolescencia para aplicarse una pasta de color ocre por todo el cuerpo que les limpia y les protege contra insectos e insolación.
Nuestro viaje finaliza con una visita al parque nacional de Etosha que recorremos durante todo un día. Acertamos a ver una leona devorando un jabato y a un viejo elefante, dos de los “big five, así como manadas de antílopes y de cebras y grupos dispersos de jirafas; impresiona ver, a escasos metros, a todos estos animales en su hábitat natural.
Viaje de dos semanas a Namibia en febrero 2016. Recorrido de aproximadamente 3.000 km por el norte, sur y oeste de este inmenso y despoblado país. Es, sobre todo, su orogenia la que te acompaña durante todo el viaje: se trata de una de las zonas geológicas más antiguas del mundo y los movimientos tectónicos y la erosión han ido conformando unos paisajes de insólita y prehistórica belleza.
Con excepción de la zona norte, el resto de su territorio es árido, dominado por las enormes extensiones de los desiertos de Namib y Kalahari, que recorremos por carreteras asfaltadas y pistas de tierra, incluyendo un vuelo de 600 km por el desierto de Namib bordeando la costa atlántica; desde una Cessna 210 se divisa un panorama dominado por una sucesión interminable de dunas, recreando formas abstractas de colores pastel, un paisaje salpicado esporádicamente por edificios de minas abandonadas o barcos encallados a decenas de metros del mar.
Iniciamos nuestro viaje desde Windhuk hacia el sur del país, atravesando el desierto de Kalahari – “gran sed” en idioma tswano – de suelo rojizo, escasa vegetación, acacias sobre todo, y aún más escasa presencia humana. Primer safari en vehículo abierto por las sabanas del río Aoub, contemplando hasta el anochecer jirafas, oryx, avestruces y antílopes.
Proseguimos el viaje para visitar el Fish River Canyon, el segundo más grande del mundo, y las dunas de más de 300 metros del área de Sossusvlei. Continuamos nuestra ruta hacia la costa atlántica, con destino a la mundana ciudad de Swakopmund, antiguo reposo de granjeros y militares de la época colonial alemana. Antes hacemos parada en el puerto de Walvis Bay para contemplar a cientos de flamencos rosados en su bahía y al día siguiente nos adentramos en el parque nacional Dorob en un 4×4 en busca de los “small five” pudiendo observar, muy de cerca, a un geko, una víbora, un lagarto y un camaleón, cuatro de cinco.
Tras una estancia de dos días en Swakopmund continuamos hacia el territorio de los Damaras, al norte del país, recorriendo sabanas de árboles Monpane, de hoja con forma de huella de antílope. Nos acercamos a ver unas pinturas rupestres labradas en las rocas, así como un bosque petrificado de unos 150 millones de años de antigüedad. Visitamos un poblado de Himbas, cuyas mujeres dejan de lavarse en cuanto llegan a la adolescencia para aplicarse una pasta de color ocre por todo el cuerpo que les limpia y les protege contra insectos e insolación.
Nuestro viaje finaliza con una visita al parque nacional de Etosha que recorremos durante todo un día. Acertamos a ver una leona devorando un jabato y a un viejo elefante, dos de los “big five, así como manadas de antílopes y de cebras y grupos dispersos de jirafas; impresiona ver, a escasos metros, a todos estos animales en su hábitat natural.